LA EDUCACIÓN ES COMADRONA DE LA DEMOCRACIA

Y cómo los espacios y puestos vacíos siempre se llenan, cada vez más se terminarán presentando como candidatos muchos ignorantes, muchos mediocres, muchos incapaces poco preparados, muchos deshonestos que no tienen nada que perder (y mucho que ganar), los rechazados de otros lados… Entonces terminarán configurándose gobiernos con mediocres, incapaces, trepadores… Y nos veremos gobernados por esos gobiernos… Y sufriremos esa realidad. Decía el filósofo estadounidense John Dewey que “la democracia tiene que nacer de nuevo cada generación, y la educación es su comadrona”.Tenemos que mejorar esto entre todos, para animar a nuestra Juventud (más y mejor educada, formada y preparada en todos los sentidos) para que entiendan la Política como algo bueno y necesario, con el objetivo de que entren en ella los mejores, los más honestos y preparados, de forma que tengamos mejores políticos y gobiernos.

John Dewey (1859-1952), prestigioso pedagogo, psicólogo y filósofo estadounidense.

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EN VÍSPERA DEL DÍA DIFUNTOS, LA CRUDA REALIDAD

Este domingo me cuesta comenzar El Cotarro de esta manera, pero, siendo hoy la víspera del “Día de Difuntos”, o como decimos en Canarias, el “Día de Finados” (o “finaos”) y queriendo ser coherente y consecuente con lo que ha pasado, creo que debo hacerlo. Y lo hago dedicándoselo a monseñor Albert Martin Happe, el obispo de Mauritania, que, con una simple y sencilla respuesta, me abrió los ojos y me dejó comprometido. En las últimas semanas han llegado más de mil inmigrantes a las costas de nuestras islas, pero nunca sabremos cuántos miles más han perecido en el mar, intentando llegar a tierra y comenzar una nueva vida, pero hoy son fieles difuntos. Por primera vez en la historia de El Cotarro voy a hacer a continuación una cosa especial y con ella, deseo y espero aportar otro granito de arena para que, entre todos y en su origen, pueda mitigarse y hasta solucionarse (al menos en parte) la cruda tozuda y puñetera realidad de la inmigración.

El obispo de Mauritania, Albert Martin Happe, en su única iglesia católica de Nuakchot

ME VAN A PERDONAR, PERO VEANLO CON SUS OJOS

Por primera vez en la historia de El Cotarro voy a dejarles con solo 10 fotografías, con las que ustedes podrán entender las palabras de monseñor Albert Martin Happe, cuando le pregunté: ¿Qué podemos hacer por esta gente para que no emigre a Canarias? …. y él con total tranquilidad me respondió: “Muy sencillo: hagan que esta buena gente tenga algo que perder aquí, en su querida tierra de origen”. Cuando regresé de Mauritania después de vivir aquella dura pero enriquecedora experiencia, monté una conferencia que titulé “Mauritania: 1000 kilómetros, 100 minutos, 100 años atrás” Y es que, aunque duela reconocerlo, frente a nosotros, a menos de 1.000 kilómetros de nuestras islas y a menos de 100 minutos de vuelo desde ellas, podemos comprobar cómo se vivía 100 años atrás. Las 10 fotos que les pongo y comento fueron tomadas personalmente por mi hace ahora 7 años en Nuakchot, la capital de Mauritania. Creo que sus imágenes valen más que cientos de palabras…

Panorámica de Nuakchot, la capital de Mauritania, rodeada por un mar de chabolas.

FOTO 1.- MAR DE CHABOLAS CONECTADO AL MUNDO

Aterrizando y despegando de Nuakchot (capital de Mauritania) puede verse alrededor de todo el extrarradio de la pequeña capital, miles y miles de chabolas (entre lluvia de polvo y mares de basura que nadie recoge), casi todas ellas con antenas parabólicas de televisión, alrededor de las cuales hay siempre hombres y mujeres sentados a modo de agachadilla, esperando a que le llegue su hora para coger una patera o cayuco que les traslade a una nueva y mejor vida. Detrás de un minúsculo corral para el ganado y de un pequeño baño común (a la izquierda) pueden ver las miles de antenas y parabólicas que les conectan a través de las pantallas de televisión de sus chabolas, con otro mundo y otra calidad de vida, que ellos saben que está a solo 1.000 km. en línea recta (menos si parten desde Nuadibú). Ellos viven en casi una pobreza extrema y, permanentemente, ven cómo vivimos nosotros (aún con nuestras problemáticas) y tienen claro que les compensa jugarse la vida por llegar a nuestra realidad.